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ochentamundos
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Un empujoncito. Eso necesitamos a veces para arrancar. Y en esta nota, te dejo 10 empujoncitos para que arranques tu viaje de verano. Pero, ojo, que tan sólo son ideas. Después falta tu parte de ponerte en movimiento, buscar más info y salir. Igual, si te surgen dudas, escribime que intentaré resolverlas. Eso por ahora.


Escribe y saca fotos Guille Gallishaw

1 – Las ideas de Augusto. Parque Nacional Lanin

Hay un efecto climático que se produce justo antes de que salga el sol: una bruma queda suspendida a pocos centímetros del agua. Se expande por todo el lago y una especie de vapor forma una capa que no supera los treinta centímetros de espesor. Entonces, el paisaje queda así: el agua, la bruma, el bosque y las montañas. Eso veo cuando salgo de la carpa a orillas del lago Paimún, con el volcán Lanín de fondo. También veo a Augusto Gorchs, que encendió un fuego y puso dos calentadores con agua para el mate. Augusto es guía de montaña y organiza estas travesías en canoa de tres o cuatro días, en el Parque Nacional Lanín. En ese caso, empezamos remando por el Paimún, para después cruzar al lago Epulafquen a través del Huechulafquen. Además, estas salidas suelen tener un día de cabalgata y uno de trekking. Se duerme en diferentes puntos, en carpa o al sereno, y es el mismo Augusto quien prepara todas las comidas. También organiza cabalgatas por lugares poco conocidos del Parque.


2 – El Ruso y sus amigos. Sierra de la Ventana

A Gustavo Schamber le dicen El Ruso. Su pelo lacio, rubio y largo lo controla con una colita y con una gorra bordó y verde, con ribetes tribales. Forma parte del grupo Guías de Ventania y en una salida que hicimos por un circuito que se llama Huella Ancha, me habló de hiervas nativas (probamos unas galletas hechas con marcela), me mostró restos de antiguas poblaciones y me llevó de regreso al hotel en su Renault 12 modelo ‘86. 

La Sierra de la Ventana se levanta en medio de la pampa húmeda y deja a su paso un universo de posibilidades para descubrirla: desde subir hasta el Tres Picos, hasta visitar el enigmático Club Hotel Ventana. La ventaja de salir con los Guías de Ventania es que son chicas y chicos locales, con mucho conocimiento de la zona y con la mejor onda siempre. Recomiendo: trekking a la Reserva Sierras Grandes, escalada de baja dificultad cerca de Villa Ventana y Garganta del Diablo.

Para dormir, la Hostería La Península, del periodista Adolfo Díaz, es un diez. También tiene restorán.


3 – Dos portales, pero no de Avengers. PN Patagonia

Una contra: queda lejos. Un pro: un sinfín de cosas a favor. Voy de a uno. La RP41, también llamada Ruta Escénica, que va paralela a la ruta 40, pero bordeando el límite con Chile. La Cueva de las Manos, donde hay pinturas rupestres datadas en el 8000 a.C. En enero, comer frambuesas que se consiguen hasta en casas de familia. Subir a la Proa de la Meseta del lago Buenos Aires: toda esta zona de la Patagonia de Santa Cruz está plagada de mesetas de altura, y la del Buenos Aires es la más grande. Su extremo Norte tiene forma de proa de barco.

El Parque Nacional Patagonia tiene dos portales: La Ascensión (a 17 km de Los Antiguos) y Pinturas, sobre la RN40. En el primero, se puede dormir en carpa. En el segundo, además de acampar, podés dormir en la Posta de los Toldos, una hostería preciosa y a buen precio, en el corazón del Parque, y con varios circuitos de hiking. Recomiendo contratar a Guido Vittone como guía de caminatas (sabe mucho del lugar), o a Fede Djerodjian, de Chelenco Tours.


4 – El rincón de Córdoba que necesitás conocer y no lo sabías

La laguna es tan grande que le dicen mar. Pero, para bajarla a la realidad, le agregaron chiquita. A orillas de la laguna Mar Chiquita fundaron Miramar a principios del Siglo XX. Lo que nadie supo en ese momento es que el pueblo nació durante una bajante de la laguna. Entonces, cuando volvió a crecer, Miramar quedó bajo agua. Eso pasó tres veces durante casi un siglo. La última fue en 2003. Ahora, después de que un grupo de investigadores determinó los límites del cauce, Miramar volvió a reconstruirse en una zona segura. Y se convirtió en uno de los destinos de ecoturismo más importantes del país. Está en el Noreste de Córdoba, tiene hoteles de primera categoría, y varios restaurantes. Además, la laguna y los Bañados del Río Dulce acaban de ser declarados Parque Nacional.

Es posible hacer caminatas en diferentes puntos cercanos a la laguna, navegar, hacer cabalgatas, visitar el museo que cuenta la historia del lugar, visitar el Antiguo Hotel Viena, avistar mucha fauna (¡miles de flamencos!) y ver atardeceres idílicos. Además de Miramar, hay otros 20 municipios cercanos que se abrieron al turismo.


5 – Lo que nadie te cuenta del PN Iguazú

El Parque Nacional Iguazú tiene un lugar secreto. De hecho, apenas si figura en GoogleMaps. Se llama Yacuy, y está en el extremo opuesto a las Cataratas. Te lo cuento.

Al salir de Puerto Iguazú como yendo hacia el Área Cataratas, aperece la ruta 101. Es de tierra roja y en pocos lugares vas a ver una selva igual, tan salvaje, tan desbordante. Son unos cincuenta kilómetros. El camino está en buen estado aunque, si llueve, no es recomendable encararla.

La 101 es para hacerla despacio, parando donde te pinte. Es posible que veas algunos monos, muchas aves y, si tenés suerte y paciencia, algún mamífero. Atravesás todo el Parque Nacional hasta que llegás a la Seccional Yacuy. Si bien no es una zona habilitada para el turismo, podés charlar con alguno de los guardaparques. Y el mejor secreto es que allí, en Cabure-í, vive Cecilia Belloni, una de las guardas. Su casa es una chacra en la que recibe viajeros. Ella es un 10 y te aseguro que tu viaje a Cataratas será distinto. Inolvidable. Probá el caburé, con unos buenos mates.


6 – Ray Bradbury estuvo en Catamarca: falso

En esta propuesta vas a entrar a una dimensión desconocida. Una leyenda poco probable dice que Ray Bradbury se inspiró en este lugar para sus Crónicas Marcianas. Se trata del altiplano de Catamarca, una de las regiones más despobladas del país, ubicada por encima de los 3500 metros sobre el nivel del mar. Para llegar hay que ir hasta Londres o Belén y subir por la ruta 43. Esta parte del viaje recomiendo hacerla despacio, parando mucho, no sólo porque los paisajes son todos fotografiables, sino también para ir adaptándose a la altura.

Todo este sector de la puna está formado por actividad volcánica: hay negros azabache, rojizos, blancos. Mis lugares preferidos son el Campo de Piedra Pómez, el cráter del volcán Galán, el Salar del Hombre Muerto y una pequeña comunidad llamada Los Nacimientos. Allí vive Felipa Mamani, quien intenta hace años darle impulso turístico al lugar, pero no recibe apoyo del municipio.

El lugar para hacer base y donde hay varias hosterías es Antofagasta de la Sierra, aunque El Peñón también es una opción.


7 – El Comandante Marcos vivió en Puerto Deseado

En los ‘80, una empresa japonesa llegó a Puerto Deseado para llevarse toninas. Las querían vender a distintos acuarios. Tenían el permiso de Nación y de la provincia de Santa Cruz. Marcos Oliva Day no pudo creer semejante atropello y crueldad y se tiró al agua para impedirlo. No lo logró. Pero después de eso, creó la Fundación Conociendo Nuestra Casa, que busca formar en valores culturales, históricos y de Naturaleza a las y los jóvenes del lugar. Este rincón de la costa patagónica que Marcos amó tanto es preciosamente salvaje. En la ría Deseado es posible navegar y ver desde pingüinos de Magallanes hasta ejemplares de cormorán gris (sus ojos son de otro planeta). Hay un recorrido corto, autoguiado, en apariencia poco atractivo que lo llaman Del Corsario. Cuenta la historia de Cavendish y para mí es la puerta de entrada a la historia de este lugar (después pasen por el Museo del Pueblo). Datazo: en isla Pingüino hay una colonia de ejemplares de penacho amarillo. Y les pido: no dejen de visitar la sede de la Fundación Conociendo Nuestra Casa, y conozcan la historia de Marcos. 


8 – Cuando GoogleMaps te diga que sigas, vos doblá

Un viaje de Iberá a El Soberbio, del Miriñay al Uruguay, de la laguna al río, de Corrientes a Misiones. En Colonia Carlos Pellegrini, al borde de la laguna Iberá, algunas posadas ofrecen salidas nocturnas. Háganla.

Por si no lo sabían, hasta la década del ‘80, la gente de Pellegrini vivía de la caza y de la ganadería y la agricultura. Hoy, la mayoría de sus habitantes vive del turismo. Los Esteros debe de ser el mejor lugar del país para ver fauna. Y si estás pensando si da para ir en familia, te digo que sí, que las niñas y niños se copan mucho viendo carpinchos, yacarés, ciervos de los pantanos, garzas y demás. 

Para ir hasta el Soberbio, el GoogleMaps te dice que vayas por la 14 hasta Oberá. Mi consejo es que te desvíes hacia Azara y que vayas por la 2, que bordea el río Uruguay. Es una de las rutas escénicas que tenemos en Argentina.

Además de ir a los Saltos del Moconá, reservate un par de días para caminar por algunos de los senderos del Parque Provincia, donde la selva aún se encuentra en estado prístino.


9 – El engaño de tachar pendientes: Pulmarí

Tengo un viaje pendiente que, en realidad, ya hice: fue un recorrido de unas horas por unas rutas patagónicas, y me prometí volver un día y hacerlo con más tiempo. Todavía está en la categoría de pendiente. Es una vuelta a los lagos Aluminé, Moquehue, Ñorquinco y Pulmarí. Todo lo que se encuentra dentro de esta especie de trapecio mal dibujado se llama Corporación Interestadual Pulmarí. 

Hay que empezar desde Villa Pehuenia hacia el lago Moquehue por la RP11. Una primera parada podría ser en el Camping Trenel, desde el que podés hacer actividades en el lago Moquehue y sus alrededores. Pero lo que rompe con todos los esquemas paisajísticos es el camino que conecta con el lago Ñorquinco: va bordeando la frontera con Chile, en medio de montañas bajas, por momentos atestado de araucarias. Más allá aparecen el lago y el río Pulmarí, todo de una belleza digna de miles de fotos. Tanto en el Ñorquinco como en el Pulmarí, hay algunos campings y hasta una hostería. Después me cuentan.


10 – Les deseo que encuentren una Hilda en sus viajes. O, al menos, en Cachi

Hilda Corimayo nació y se crió en Cachi. Es descendiente de comunidades originarias. Tenía 14 años cuando, un día de verano, estaba parada frente al Museo de Cachi y un turista le preguntó dónde quedaba el sitio sagrado de Las Pailas. Introvertida pero arrojada, Hilda le ofreció acompañarlo. El turista aceptó y terminó fascinado con la forma en que Hilda lo guió. “Yo no había estudiado nada ni me había formado en turismo. O quizás sí lo estaba, pero no lo sabía. Porque aprendí mucho de mi padre que, desde niña, me transmitió nuestra historia y la del lugar”, me dice. Desde aquel día, Hilda se convirtió en guía de turismo. Hoy, con algo más de sesenta años de edad, lleva a turistas argentinos y de diferentes partes del mundo a distintos lugares de los alrededores de Cachi: a caminar al pie del Nevado, al sitio sagrado de Casa Morada, a paseos por el pueblo, al Ovnipuerto, a La Poma. Entonces, tengo dos recomendaciones: visitá Cachi y contratá a Hilda como guía. Después, ya sabés, me contás. ✪



 

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