De Corrientes a Villa La Angostura. De Villa Ventana a Payogasta y San Martín de los Andes. Cinco, tan solo cinco hoteles a los que algunas veces nos han invitado y que nos gustaría que volvieran a hacerlo. Algo en común: la sensación de hogar.
Escribe y saca fotos Guille Gallishaw
La Casa de Eugenia
La hostería más instagrameable, o para Pinterest, no sé. Hay algo de retro, pero creo que la calidez de la madera y los detalles del diseño interior la vuelven irresistible. Fui por primera vez en la primavera del 1999. Hasta el día de hoy, cada vez que vuelvo a San Martín de los Andes, paro en este mismo lugar. Por ese entonces, Eugenia había estudiado Hotelería y, poco después, había comprado una vieja hostería que se llamaba Villa Vivi. La restauró, le puso su impronta y la llamó La casa de Eugenia. Estaba bien puesto el nombre: se parece más a una casa, a un hogar, que a un hotel. Después se casó con un gringo y se fue a vivir a USA, pero de la hostería se hizo cargo Agustín, su hermano menor, del que también me hice amigo. Como la construcción había sido la primera oficina de correos, y luego sede del Parque Nacional Lanín, fue declarada sitio histórico. Está construida en una planta, con un súper jardín siempre bien cuidado, a sólo dos cuadras del lago. En su interior hay mucha madera (el piso cruje en algunas habitaciones), fotos fine art, bibliotecas, juegos de ajedrez, ventanales y un aroma a que siempre se está cocinando algo rico. Sobre todo, dulce porque, además, es una casa de té.

Agustín Roca, dueño y anfitrión de La Casa de Eugenia. Arquitectura, historia local, juegos de ajedrez, fotos fine art y desayunos guau.
La Península
En el centro del comedor, iluminado por ventanales, una olla. Grande, blanca, con tapa. Era la olla en la que la madre del dueño hacía sus guisos. Hoy, en esa misma olla se sirve guiso, hecho con la misma receta, y cada quien se sirve cuando quiere. El dueño es Adolfo Díaz, un chef y periodista a quien conocí en un viaje al Cabo de Hornos. Adolfo se había casado con Bea, vivieron en Buenos Aires hasta que se fueron a Villa Ventana y restauraron la hostería La Península. Algunos datos: fue construida antes de que se fundara el pueblo (hostería: 1929; pueblo: 1947); en el jardín hay un impacto de bomba producto de los eventos del derrocamiento de Perón en 1955; todos los domingos hay cordero hecho a las brasas; Bea falleció hace un par de años y Adolfo quedó solo. Es triste, pero así es el amor, porque la historia de Adolfo y Bea fue una de esas preciosas historias de amor. Y dentro de La Península se respira eso mismo. Es el hogar de Adolfo y, además, el hombre tiene ese gusto por recibir gente y agasajarla. Un pasajero escribió: “no sé si es una hostería con restorán, o un restorán con hostería. El periodista Leandro Vesco escribió: “cocina casera, sencilla y contundente.” Vayan.

Fue construida incluso antes de la fundación de Villa Ventana. Hoy te recibe Adolfo Díaz, un periodista y chef que ama recibir invitados en su casa.
Correntoso
Es caro, por supuesto. Pero también sabemos que eso es relativo. Por ejemplo: ¿cuánto estarías dispuesta a pagar por un par de noches en un hotel hecho con piedra y madera, distinguido, con gastronomía exquisita y en una ubicación tan cinematográfica? Hay una historia que se ubica hacia comienzos del Siglo XIX. Trabajadores de condición humilde realizaban el camino entre Chile y Argentina por lo que hoy es el Paso Cardenal Samoré, pero claro que no había una ruta. Por ese entonces, un inmigrante italiano llamado Primo Capraro tenía una suerte de proveeduría en la que, muchas veces, funcionaba el trueque. Así fue que Capraro construyó un hospedaje, que lo atendía su esposa, la alemana Rosa Maier. De hecho, se llamaba la Pensión de doña Rosa. Funcionó por primera vez durante 1917. O sea que, cuando te alojes en el Correntoso Lake & River Hotel, estarás siendo parte de esa historia. Recomiendo el libro en el que Yayo Mendieta cuenta esta historia de pe a pa.
Datos duros. El hotel está en la confluencia del río Correntoso y el lago Nahuel Huapi. Tiene spa, una piscina con horizonte infinito, habitaciones con vista al lago y a la Cordillera, gastronomía de lujo y muchas cositas más.

Una de las mejores ubicaciones para un hotel la tiene el Correntoso, justo en la confluencia del río Correntoso y el lago Nahuel Huapi
La Alondra
Hay un mito: siempre se vuelve a La Alondra. Bien por los de marketing. Nosotros aún no volvimos, pero lo deseamos. Porque el hotel es una preciosura. Una casona antigua que, de hecho, le da nombre al lugar: La Alondra, casa de huéspedes. Aferrados a esa filosofía, el personal hace méritos para que te sientas como en un hogar. El desayuno es una bomba porque tienen pastelería propia, entonces las medialunas vienen recién salidas del horno y, como si fuera poco, te ofrecen chipa calentito. Las habitaciones, entre pisos de madera y paredes con ladrillo visto, son híper confortables. En el centro del patio interno hay una piscina alargada, rodeada de plantas. Y si no conseguiste habitación, igual te recomiendo visitarlo y cenar en el Bistró, con gastronomía con acento litoraleño. Está en el casco histórico de la ciudad de Corrientes, cerquita del río.

Sala Payogasta
Un hotel en el medio de la ruta. Me gusta como título de una novela. Podría ser la historia que sucede en el hotel Sala Payogasta, sobre la RN40, en el que hay un encuentro de fotografía. Hay personas de diferentes lugares del país, y cada personas es una micro historia. Eso sucedió realmente, así fue como conocí este lugar, pero también podría ser el disparador de una novela. Lo curioso es que de un lado de la ruta está el hotel y, justo enfrente, el restorán, que se llama Abasto Ruta 40. Sala Payogasta es una casona de adobe construida hace más de cien años, con un patio interno de identidad colonial, y con el río Calchaquí y los cerros salteños de fondo. Como lo atienden sus dueños, Alejandro y Elvira, todo es calidez. Además, Elvira está a cargo del restorán y les recomiendo mucho que prueben lo que cocina; comida con una fuerte identidad andina. ✪

En el centro, la ruta Nacional 40. A la derecha, el restorán Abasto Ruta 40. A la izquierda, la hostería Sala Payogasta. En el medio del gran valle Diaguita Calchaquí.



